Texto: Manuel Migoya
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Por estos días en que el frío lente de la cámara apunta a las costas de Europa para mostrar al mundo el costo humano de la desigualdad y la violencia, es bueno recordar que aquí, bien cerquita, en nuestro mismo Continente, ocurren situaciones similares. Quizás no sea tan llamativo como la imagen de decenas de personas abarrotadas en precarias barcas a la deriva, o tal vez nos hayamos acostumbrado tanto que el tema ya no es noticia…

Miles dejan sus países natales en Centroamérica para emigrar hacia tierras que se imaginan más prometedoras. En el medio acecha la muerte, en formas ya demasiado conocidas. Pero también hay vida. Allí donde hay dolor siempre surge gente dispuesta a ofrecer una mano. Es el caso, por ejemplo, de La Casa del Migrante de Saltillo, en México.

Allí se ofrece a los migrantes ayuda humanitaria, consejo legal, contención psicológica y charlas y capacitaciones. Entre ellos, un taller de escritura. Y sucedió que a partir de la lectura del poema de Daniel Rodríguez Moya, “La Bestia”, que narra la trágica epopeya de los miles que cruzan México con destino a EE.UU en tren, muchos participantes se animaron a compartir en verso sus propias vivencias.

A continuación realizamos una primera selección de algunos poemas publicados en el marco del taller.

UNA MOCHILA

La luna y una brújula guiando mi sendero.
Tu carita dibujada entre estrellas y luceros, que cosa tan bella.
Para muchos no soy nada pero soy feliz porque sé que tú me amas.
Sé que aún no hablas pero siento tus palabras esperando mi llegada,
eso me da fuerzas para seguir viviendo.
Por eso no me importa todo lo que estoy sufriendo.
De mis errores he aprendido, no soy un fugitivo lo único que quiero es estar allá contigo.
Mi verdadero amor: Maddy te amo por siempre

Antonio Romero Montoya

* * *

UN SUEÑO, DE UN PADRE A SU HIJO

Salí de mi país, Honduras, dejando a mi mujer embarazada.
Hice caso omiso de lo que me decían: en el camino asaltan, secuestran y matan.
No me detuvo.
Llegué a Veracruz, Tierras Aguas, lugar temido.
Vi a un padre con dos hijos, compartíamos el mismo destino.
Recuerdo, entre las nueve y diez de la noche un muchacho se paró sobre el tren,
las ramas asesinan, lo tiró del tren.
Consternado pensé en regresar, mi mujer embarazada: mi ánimo.
Una noticia hermosa: ¡mi hijo nace!
¡Seguiré!
La noche solía ser triste, lejano a mi familia, con Dios.
Cuídame, Dios, del tren, en un solo segundo podría perder mi vida, vigila a mis compatriotas que vienen atrás y los que van adelante.
México: el valle de muerte del migrante
Solo buscamos el bienestar para nuestras familias, no hacemos mal a nadie, vamos de pasada.
-Dios- bendice a los mexicanos siempre.
A todos mis hermanos salvadoreños, guatemaltecos, nicaragüenses y beliceños.
Dios esté con ellos.
Con amor a todos los padres y a los migrantes.

Juan Ramón Martínez. Honduras.

* * *

UNA CANCIÓN

Señor quiero preguntarte ¿si lo que he vivido significa algo?
-Un hombre mutilado
-Mujeres violadas

¿En qué momento la masacre se convirtió en una aburrida noticia para la gente?
Señor, déjame ir contigo y cruzar las fronteras del mundo.

Señor aun no tengo mi visa, ni pasaporte.
Señor llévame contigo al cielo, soy un migrante, no me cobres cuota.

Señor, ayúdame.
Nuestro camino es una cacería sangrienta.
Nuestra sangre cubre las tierras mexicanas.
Nuestro destino, un secuestro y dolor para nuestras familias.

Señor aun no tengo mi visa, ni pasaporte.
Señor llévame contigo al cielo, soy un migrante, no me cobres cuota.

Señor, llévame en un tren rumbo al cielo y no me preguntes si tengo visa, no me asaltes, no me golpees solo eso te pido.

Ernesto y Vicente

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