“Acá hice amigos de verdad”

“Acá hice amigos de verdad”

Texto: Gabriel Costa

Ya pasaron 15 años desde que Tamara Kostenko llegó desde Ucrania a la Argentina. “Me tocó un duro camino, pero se crece por adentro también”, recuerda, para luego lanzar una reflexión: “Qué loco, tenía coraje en venir, no sé cómo hice, no sé cómo pasó todo esto”.

Hija única, nació en Ternópil, cuando todavía aquella porción de territorio formaba parte de la Unión Soviética. Allí todavía conserva a sus sobrinos y padre, mientras que su madre vive desde hace algunos años en Polonia. “Sí, la extraño, recién hace 2 años pude verla través de una computadora, fue muy fuerte”, cuenta.

¿Por qué vino a la Argentina?

A los 29 años, Tamara trabajaba en una fábrica de tecnología en una ciudad ubicada a 120 km de Praga, en la República Checa. “Tamara, por qué trabajar tantas horas, no hay futuro, mejor ir para Argentina”, recuerda que le dijo su madre. Aquí, había un conocido de un familiar, una posibilidad, la esperanza de una vida mejor.

Ya en Argentina, el destino le jugaría otra realidad: el contacto no respondió como imaginaban y quedó a la deriva. En una sociedad completamente distinta, como la describe, comenzó a rebuscárselas ya que no había dinero para volver.

Los cursos de español realizados en Kiev pasaron de ser un viejo pasatiempo a resultar cruciales para poder establecer las primeras charlas, los primeros contactos. Trabajó en bares de Once y Saavedra, luego cuidó a niños y ancianos. Hoy es moza en un restaurante de Escobar.

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Relax en los pies de Tamara, un momento distendido durante la entrevista.

Argentinidad

¿Están todos drogados?, pensaba Tamara cada vez que veía a las personas tomando mate por la calle. “Cuando lo probé, me quemé la lengua. Lo sentí amargo, pero me fui acostumbrando”, cuenta. “También me llamó la atención los insultos para hablar: boludo, boludo, boludo”, cuenta ofuscada, para luego dar su receta: “Eso allá no, se necesita disciplina”.

Una y otra vez menciona la ayuda que encontró en Dios durante los momentos más duros. “No somos católicos sino pravoslavnie, me apoyé mucho”, explica. Y también destaca la amabilidad que encontró en muchas personas: “Acá hice amigos de verdad”

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Tamara acomoda el restaurante, que espera por los comensales.

Libros, gastronomía y música

“Me traje libros, que leía mientras cuidaba a los niños. Ahora mi madre me manda otros, también diarios”, dice. En cuanto a la gastronomía, confiesa: “Extraño todo, no puedo hacerlos acá porque la manteca, el queso, la ricota son distintas por la leche”. ¿Su favorita? El Dulce Napoleón, una torta de crema especial con capas de masa fritas.

Es fiel oyente de Alla Pugacheva, la reina del pop ruso. Perdió los cassettes que le envió su madre, pero hoy lo escucha por internet cuando logra conectarse.

“No extraño a mi país, pero sí a la gente”, explica. Hace 6 años que está en pareja, pero cuenta que si podría volver a Ucrania no lo llevaría con ella. “No –lanza convencida–, quiero vivir en mi atmósfera, quiero mi idioma, descansar de este mundo y volver al mío.”

¿Un sueño?

“Tengo que prepararme, cuando vuelva tengo que llevar regalos, tener plata para ir a tomar un café”, dice que es parte de su orgullo. Luego, concluye: “Nunca pensé que tardaría tanto en volver, mi sueño es volver a ver a mi madre”.