Armenia, la cultura que se niega a desaparecer

Armenia, la cultura que se niega a desaparecer

Nunca es sencillo mantener y transmitir el legado de una cultura cuando se es inmigrante. El paso del tiempo, impiadoso, desgarra incluso los recuerdos más queridos; poco a poco, año a año. La transición de una generación a otra siempre deja fotos ya inexplicables perdidas en viejos cajones, unas cuantas palabras menos de la lengua materna y la sensación de que algo preciado se escapa inevitablemente de entre los dedos.

Muchos eligen cerrar el cerco, evitar la contaminación nativa, en un vano intento de hacer frente a fuerzas irremediablemente superiores. ¿Pero qué sucede cuando aquello que se lega no es ya únicamente una cultura, sino también el dolor intenso de una profunda herida aparentemente incapaz de cicatrizar?

Un dolor que no sólo supera el del abandono de la tierra natal sino que, de hecho, lo originó. Muertes cruentas de familiares y amigos, tragedias indescriptibles, desolación y la marcha a la muerte segura que espera impasible en un desierto cruel. El Genocidio.

La Comunidad Armenia en Argentina sabe mucho del tema. Desde principios del siglo XX han hecho de nuestro país su hogar, con la esperanza de huir del Terror y mantener vivo el espíritu de su pueblo milenario. Pero no han estado quietos. Como un animal herido que hace acopio de sus últimas fuerzas para deshacerse de su presa, los armenios consiguieron alejarse del odio y, finalmente, combatirlo de frente. Hoy son una de las comunidades más activas, tienen numerosas escuelas, centros culturales, iglesias, grupos de danza y actividades deportivas. Demuestran así que, pese a los perversos intentos del pasado, su cultura no ha muerto.

Leé acá la entrevista que Conventillo Babel tuvo con Gabriel Tchabrassian, descendiente y miembro de la Juventud del Centro Cultural Armenio. El legado de una cultura que se niega a desaparecer.