Arquitectura migrante, El edificio Otto Wulff

Arquitectura migrante, El edificio Otto Wulff

Texto y fotos: Manuel Migoya

En la esquina de Av. Belgrano y Perú, se alza una de las obras arquitectónicas más singulares de la Ciudad.

Flanqueado por construcciones modernas de frentes casi completamente vidriados, esta joya inaugurada en 1914 sobresale por contraste. La mole de granito negro y hormigón armado -una novedad para la época- fue diseñada y construida por el arquitecto danés Morten F. Rönnow, responsable también de la Iglesia Dinamarquesa Luterana de Buenos Aires.

El edificio fue financiado por Otto Wulf, un acaudalado comerciante alemán, y por Nicolás Mihanovich, cónsul del Imperio Austro-Húngaro. Inicialmente iba a ser utilizado para viviendas, aunque su propietario decidió cambiarlo en favor de oficinas, muy demandadas en aquella época. En la actualidad, su primer piso está ocupado por una cafetería y el resto de sus 56 unidades por oficinas y estudios de arquitectura.

El edificio

Lo primero que se observa es la división en tres grandes partes. La inicial, de granito negro, sirve de base y culmina en ocho fantásticos atlantes. En otro desafío a las costumbres de aquellos tiempos, la mayoría de los atlantes representan a los trabajadores de la obra y y tienen facciones aborígenes y criollas. Sólo tres muestras rasgos europeos: uno que personifica al arquitecto, otro a Otto Wulff y un tercero en homenaje a la empresa constructora de origen holandés.

Sobre esta primera parte se apoya el desarrollo principal. Cargado de decoraciones es, sin embargo, de líneas esbeltas y estilizadas. Hacia el final piso se ensancha y el trazado de las líneas cobra complejidad. Finalmente, apoyado en ese ensanchamiento, reposan las dos cúpulas y su base. Se destaca que éstas no están separadas como ocurre habitualmente, sino que se yuxtaponen. Sus curvas son suaves y están recubiertas de tejuelas verdes. El efecto final es quizás algo tenebroso, pero también enigmático y cautivador.

El estilo

En una época en donde las sociedad acaudalada y tradicional de Buenos Aires miraba a París, la nueva generación de burgueses, muchos de ellos migrantes, se decantaron por un nuevo y desafiante estilo: el Art Nouveau. Rönnow embebió la corriente alemana, llamada Jugendstil -estilo joven- en sus años de estudio en el país germano.

La fachada

Por su profesión, Rönnow recorrió gran parte de la Argentina, por la que sentía una gran admiración. Tanto es así que el edificio Otto Wulff es, en su fachada, un homenaje basto y complejo a la flora y fauna del país entero. Los más evidentes son los cóndores que reposan en lo alto de la sección media, pero también hay pingüinos, mazorcas, búhos y otras plantas y animales que adornan las paredes exteriores.

El mito

Se dice que en el edificio funcionaba una delegación diplomática del Imperio Austro-Húngaro, lo que suena verosímil si se tiene en cuenta que uno de los hombres involucrados en su construcción, Nicolás Mihanovich, era el cónsul en Buenos Aires de aquella desaparecida nación.

Sin embargo, la arquitecta y Especialista en Restauración de Edificios Históricos, Alejandra De Marco, quien hizo una tesis sobre el edificio, contó para Canal (á) que esto no es así. Es más, esta delegación ocupó un lugar en la cervecería Bieckert en la calles Esmeralda y Arroyo.

Este error da pie a su vez a otro de los mitos más populares sobre el Otto Wulff. Se cuenta también que la corona y el sol que adornan ambas cúpulas homenajean al Kaiser austro-húngaro y a su esposa la emperatriz. Y aunque no hay una interpretación segura, De Marco cree que son en realidad una representación del sol argentino, que Rönnow apreciaba especialmente.

Curiosidad

El primer atlante sobre la calle Perú personifica a Otto Wulff. Incluso lo muestra señalando con el dedo hacia donde supuestamente estaba su oficina.