Barrio chino: geográficamente porteño, intrínsecamente oriental

Barrio chino: geográficamente porteño, intrínsecamente oriental

Texto y fotos: Melissa Kuris

Es domingo, pero podría ser cualquier otro día. El viento corre entre los pocos árboles que adornan esta calle que hace tantos años es sinónimo de internacional y la gente pasea despreocupada, contenta, serena. Desde hace más de tres décadas, Arribeños es el epicentro de la cultura oriental en la Ciudad y tanto nacionales como extranjeros disfrutan de las tres cuadras que conforman el sub-barrio porteño.

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El arco es la puerta de entrada. Pasarlo significa transportarse momentáneamente a un Continente lejano, pero todos los presentes parecen más que ansiosos por hacerlo. Con pasos tranquilos y ávidas miradas, emprenden este viaje. A ambos lados se desprende una multitud de locales, cada uno con ofertas que, aunque diferentes, comparten el mismo trasfondo oriental.

Desde una guitarra en la vereda suena un tango que sorpresivamente combina a la perfección con el ambiente. Es que aunque la excusa es asiática, las personalidades caminantes no lo son. Los diferentes idiomas que tiñen la atmósfera denotan la condición extranjera de muchos de sus visitantes. Es una mezcla de cultura y a la vez es una sola: es la cultura de la integración.

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La brisa acarrea el aroma de platillos, que aunque exóticos, invitan hasta el más escéptico a probar. Y lo logran a la perfección. Por la calle se aprecia a los visitantes con diferentes porciones culinarias: dulces o salados, lo disfrutan por igual. De fondo, la fragancia de las distintas infusiones domina el ambiente.

Anochece, pero la energía sigue siendo la misma. Las luces comienzan a encenderse y la gente pasea despreocupada, contenta, serena. Las sonrisas de los peatones iluminan el ambiente de esta salida que parece no tener fin y las persianas bajando son la única señal de que hay que volver a casa hasta mañana, cuando la función vuelva a comenzar.