Breve historia del lunfardo

Breve historia del lunfardo

Texto: Manuel Migoya
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Nacido de las entrañas de las clases bajas rioplatenses de fines del siglo XIX y principios del XX, el lunfardo sobrevive aún en el habla porteña, muta y se enriquece. Palabras como “cana”, “laburo” o “mufa” todavía son usadas a diario por los porteños, mientras que otras como “piscui”, “crepar” o “bufoso” están relegadas casi únicamente a las letras de viejos tangos o novelas perdidas.

Su nacimiento fue justamente en los mismos años y lugares que el tango: los burdeles donde los inmigrantes, usualmente hombres solteros, se mezclaron con los criollos. Allí se bailaron los primeros pasos del género que habría de marcar la personalidad porteña, allí también se hablaron las primeras palabras que le dieron su tonada particular.

En prostíbulos y conventillos se popularizó el dialecto hijo del cruce entre el español local, los distintos vocablos de España y el Italiano -con aporte de la jerga carcelaria italiana, dato que probablemente sea el causal de la confusión que atribuye su origen a los delincuentes locales. Tal mezcla solo pudo suceder en una sociedad compuesta casi en un 50% por extranjeros y con ciertas facilidades para la integración. Sin despreciar, por supuesto, las semejanzas entre los grupos migrantes e incluso los criollos. Aunque, igual que el tango, posee también aportes indígenas y africanos.

Existe en Buenos Aires la Academia Porteña del Lunfardo, cuyo ex director y fundador, José Gobello era considerado como autoridad máxima en la temática. Aunque falleció en 2013, este hijo de inmigrantes italianos dejó tras de sí una extensa lista de obras sobre la materia y sobre letras de tango. En la siguiente entrevista con Alejandra Crespín, Algañaraz explica brevemente el origen del lunfardo…