Carnaval o ano inteiro

Carnaval o ano inteiro

Entre junio y agosto, Brasil entra en una nueva temporada de festejos. Las festas juninas (cuyo nombre deriva del mes en que primeramente solían ser celebradas) son, junto con el carnaval, de las fiestas que la patria verde-amarela más ansía, y a pesar de no ser tan conocidas en los diferentes países, moviliza casi la misma cantidad de brasileros.

Aunque la fiesta es la misma, su nombre varía de acuerdo al mes en que sea realizada. Festa julina y agostina son sus denominaciones si se las celebra en julio o agosto respectivamente. Y es que con tal de seguir de fiesta, algunos hasta realizan las setembrinas.

La festividad fue llevada por los portugueses a Brasil en la época colonial. En sus comienzos era una fiesta pagana en conmemoración a la gran fertilidad de la tierra y las buenas cosechas, que coincidía con una celebración propia del país: el día de São João. Posteriormente se convirtió en un festejo de la iglesia católica donde homenajeaban a tres santos: San Antonio el 13 de junio, San Juan el 24 y San Pedro el 29.

El nordeste del país fue donde la fiesta ganó mayor protagonismo y se transformó en la que es en la actualidad. Al ser una región en donde abunda la sequía, sus residentes aprovechaban la festividad para agradecer las infrecuentes lluvias que mantenían con vida la agricultura. Durante todo el mes de junio realizaban kermeses en las que combinaban distintos juegos, música y comida hecha primariamente de maíz, la principal cosecha de la época.

De ese modo, la adaptación nordestina del festejo llegó a todos los rincones del país. El código de vestimenta es el que se usaba en la región: remeras cuadrillé y pantalones para los hombres, y vestidos de la misma característica para las mujeres, copiando la indumentaria de los caipiras (campesinos). Los banderines de diferentes colores adornan el lugar de las celebraciones y las carpas con distintas actividades enmarcan la característica fogata de São João.

Las diferentes quadrilhas, bailes ensayados por sus participantes, pueden observarse toda la noche y se puede participar incluso si no se cuenta con una práctica anterior, basta seguir las instrucciones del narrador que indica qué paso se realizará en cada momento. Entre baile y baile, los concurrentes pueden disfrutar de las distintas comidas que ofrece el evento: torta de zanahoria, de mandioca, canjica e paçoca son algunas de las opciones más populares. Y si los presentes tienen ganas de entretenerse de otra forma, pueden participar en los diferentes juegos que prometen premios para los ganadores.

Un evento que no falta en cada fiesta es el casamento da roça, el casamiento del campo, una escenificación de los matrimonios que solían tener lugar en el nordeste: una joven embarazada y enamorada, un joven que se quiere escapar y el padre de la novia con una escopeta en la mano, listo para disparar si su futuro yerno decide huir.

De esta forma, la festividad que solía honrar a los santos extendió sus propios límites. Superó la barrera mensual para convertirse en una temporada de tradiciones esperada por todo el pueblo.

Texto: Melissa Kuris

Foto: Gabriel Costa