David, mascando coca, derrota a Goliat

Cuando EE.UU, la ONU y la OEA  presionan a los países pequeños por la regulación de substancias, pocos son los que resisten. Y Bolivia es uno de esos pocos. Eterno escollo para los avances norteamericanos en el Sur, este pequeño país se rehusó a prohibir la producción de la mítica hoja de coca; año tras año dieron muestras de tozudez y mantenieron viva su tradición.

Para quien no sabe nada de ella, la coca es una hoja que tiene más de 5.000 años de historia en la región y de la que se dice que el Dios Sol, de la cultura incaica, regaló a la humanidad para saciar la sed, callar el hambre y olvidar el cansancio. Y, tras probarla en diversas ocasiones, puedo asegurar que no mintió.

Por eso, cuando en 1971 la OEA la incluyó entre la larga lista de productos prohibidos, Bolivia se negó a aplicar la medida en su soberano territorio ¿La razón de la prohibición? Asociar, en un acto de desinformación ridículo, esta milagrosa planta con la terrible cocaina. Y si bien es verdad que se puede usar para la cocaína, tiene también muchos otros usos. Aparte de la famosa gaseosa, por supuesto. Entre ellos se cuentan la fabricación de champú, pasta dental y medicamentos.

Por todo esto hubo fiesta el año pasado en Bolivia cuando la ONU, a pesar de ciertos berrinches , decidió levantar el veto que pesaba sobre el uso tradicional y medicinal de la planta, desligándola así de la pesada carga moral que supone toda prohibición.

 

“Pero si tu verdugo llegado del norte,
el conquistador blanco,
el buscador de oro la tocara,
sólo encontrará en ella
veneno para su cuerpo
y locura para su mente

 

Texto: Manuel Migoya