De la suciedad y otros demonios

De la suciedad y otros demonios

Texto: Melissa Kuris
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Cuando la noche reclama su territorio, los sonidos se intensifican, las sombras crecen y el miedo a lo desconocido se asoma sin permiso ni piedad. Vemos cosas donde no las hay y escuchamos ruidos existentes solo en nuestras mentes, pero a veces —muy de vez en cuando— algunos de estos no son tan irreales como preferirían que fueran.

En los rincones de ciertos baños nipones, cuando se pone el sol, aparecen algunas criaturas además de las conocidas —aunque de todos modos indeseables— ratas y cucarachas. De piel rojiza o a veces verdosa y cabello grasoso, se esconde en los recovecos de aquellos lavabos en donde la limpieza ya es un mito en busca de su alimento preferido: mugre.

Los akaname son unos yōkai —seres sobrenaturales— de la mitología japonesa. Su nombre significa, literalmente, “succionador de suciedad” y eso es lo que se dedican a hacer. Con una lengua que parece no tener fin, tantean cada centímetro del lugar desde las bañeras hasta los inodoros, pasando por el piso y las paredes, produciendo un ruido ensordecedor a medida que encuentra lo que consideran comida.

Estos seres de apariencia asustadora y repugnante son un mito generalmente utilizados para asustar a los niños japoneses y obsesionarlos con la higiene tanto personal como de la casa. Pero a pesar de su apariencia, son seres benignos que no buscan más que contribuir, de cierto modo, a la limpieza del hogar al comer cualquier desecho que encuentren tirados.