De paseo por el “chino”

De paseo por el “chino”

Texto: Manuel Migoya

Frente a mí se extiende un largo pasillo blanco flanqueado a ambos lados por góndolas tan cargadas que parecieran siempre a punto de venirse encima. Camino lento entre innumerables y diversos productos que luchan en silencio por reclamar mi atención. Mientras tanto, de fondo, suena una música pop frenética cuya letra me es totalmente incomprensible. Estoy en un “chino”.

“Hola ¿todo bien?”, me saluda cordial como siempre, la dueña del local. Esas pocas palabras, ese saludo al paso y esa pregunta que no llega ni a retórica me costaron meses de duro trabajo. Días de acercarme a comprar algo, intentar sacar charla, fracasar y despedirme con una sonrisa lo más sincera posible. Tardé, pero pude lograrlo.

Doblo hacia un pasillo transversal que desemboca directamente en la pequeña verdulería. Sentada en un banquito, la señora boliviana que lo atiende me observa pasar. No consigo saludo espontáneo.

Paso de largo mientras el olor de las frutas y verduras se funde con la música pop coreana y los colores eléctricos de la góndolas siempre abarrotadas. Una joven pareja debate en voz baja frente a los estantes. Frente a ellos se encuentran diversos tipos de sopas koreanas semi-preparadas que no tienen la más mínima indicación sobre su contenido para aquellos que no manejan ese idioma. Aparentemente, ninguno de los dos lo hace. Examinan con detenimiento los recipientes, incluso los huelen, intentando discernir a partir de los dibujos y los olores el sabor que tendrá su próxima cena.

Me acerco a la caja donde se encuentra el presunto hijo de la dueña, sentado tras el mostrador. Lleva ropas negras al estilo rockero y la forma extravagante de su cabello solo puede ser responsabilidad del gel. Abundante gel. Absorto, contempla una TV pantalla gigante donde un grupo de chinos discute apasionadamente sobre vaya a saber uno qué tema. Gritan histriónicamente y el chino mi lado ríe a carcajadas.

Se acerca de nuevo su madre, humildemente ataviada, me mira fijo y suelta en un difícil español cargado de eles: “¿Va a comprar algo o salió a caminar?”.