De Táchira a Bs As: crecer fuera de la zona de confort

De Táchira a Bs As: crecer fuera de la zona de confort

Texto: Noelia Serra

Mariajose Rosales Baptista tiene 25 años. Nació en San Cristóbal, capital del estado de Táchira, en la región andina de Venezuela, muy cerca de la frontera con Colombia.

Estudió Ciencia Política en la Universidad Católica de Táchira y hace un año se mudó a la Ciudad de Buenos Aires tras ganar una beca otorgada por el Ministerio de Educación argentino en cooperación con FLACSO. Aquí estudia la Maestría en Políticas Públicas para el Desarrollo con Inclusión Social.

Mariajose dejó Venezuela movida por el interés de continuar profesionalizando su futuro, pero también con el deseo de vivir una experiencia enriquecedora, tanto a nivel social, como personal. En un recreo de tanto estudio, conversó con Conventillo Babel.

– ¿Esta es tu primera experiencia en el extranjero?
– No, en 2013 viajé a Francia porque gané una beca para realizar una especialización en la Universidad de la Franche Comté. Ese no sólo fue mi primer viaje de estudio lejos de mi país, sino que además fue lejos de Latinoamérica. Me tuve que adaptar al idioma y también al clima frío, algo desconocido para mí ya que en Venezuela durante todo el año puedes ir a la playa. Fue una experiencia muy valiosa, donde incluso hice amigos que me duran hasta hoy.

– Cuando llegaste a la Argentina, ¿te pusiste en contacto con otros venezolanos?
Sí lo hice, pero trato de no limitarme. Por ejemplo, tengo otros amigos que sólo se juntan entre venezolanos. Se nota que para el porteño la confianza es importante, no se la dan a cualquiera y eso es respetable. Creo que cuando eres más abierto y entiendes al otro te vuelves más cercano. Pero si te mantienes en tu zona de confort y sólo tratas con tus nacionales, te estás limitando de vivir otras experiencias. Estar inmersa en tu submundo no te permite ver más allá, trascender y armar otros lazos que pueden ser interesantes.

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– ¿Cuán complejo te resulta el vínculo a la distancia con tus seres queridos?
– Siempre digo que cuando estás triste, recurres a tu familia, a tus vínculos cercanos y cuando estás bien, es más fácil despegarse. Mi mamá así me lo demuestra cuando me dice: “Ah! Estás perdida, se nota que no tienes ningún problema, porque si no me estuvieses llamando”. De vez en cuando aparece un sentimiento de soledad, que en el extranjero creo que se manifiesta de una forma particular: de repente tú puedes estar rodeado de personas copadas, muy chéveres, extranjeros o nacionales, pero te sientes solo. Sucede que hay una complicidad con tu familia y un vínculo emocional, una construcción de años, distinta a la establecida con cualquier otra persona. Cuando uno se encuentra lejos llega a valorar desde el olor a la panadería que ha estado en la calle donde creciste, hasta la sopa que hace tu mamá, porque en esas cosas hay una conexión emocional que es muy hermosa.

– ¿Qué rol ocupan los vínculos nuevos y los preexistentes en la vida de un extranjero?
– Los vínculos son relaciones. Si tú eres una isla en tu país, sabes que no te va a ir bien, pero si eres una isla en otro país, es mucho peor. Porque lo que te mantiene vivo son las relaciones sociales que conforman una cadena de favores y ayuda, que fortalecen las relaciones. En mi experiencia, lo que ha hecho más fácil y gratificante mi estadía aquí en la Ciudad ha sido consolidar ese vínculo de amigos y esa mano amiga de ayuda.