Dueño de sí mismo

Dueño de sí mismo

Texto: Melissa Kuris
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En una intersección de Athens, una ciudad del estado de Georgia, Estados Unidos, se asienta una casa tradicional. Frente a ella, un roble antiguo complementa el jardín que podría ser normal si no fuera por el hecho de que ese árbol se pertenece a sí mismo.

El también conocido como Roble Jackson, es un roble blanco que posee propiedad legal de sí mismo y de los 2,4 metros de tierra que lo rodean en todos sus lados. Como varias historias de independencia, la del árbol comenzó con un chico que lo amaba demasiado.

Cuentan que el Coronel William Henry Jackson, antiguo propietario de la tierra en la que se erige el roble, le tenía tanto cariño que decidió protegerlo de los males que pudieran sucederle cuando él ya no estuviera para cuidarlo. A principios del siglo XIX, dejó asentado en una escritura el traspaso de propiedad de la tierra en la que se ubicaba el árbol al mismo árbol.

Lamentablemente, Jackson no previó que la perdición del roble pudiera llegar por parte de la propia naturaleza y no de mano humana como tanto anticipó. A mediados de 1940, el Roble Jackson se enfermó y fue luego derribado por una tormenta. Tristes por el evento, The Junior Ladies Garden Club, un grupo de jardinería, plantó una bellota del árbol original de la creció un nuevo y saludable roble. El hijo del “Árbol que se pertenece a sí mismo” heredó no solo el título de su progenitor, sino que al ser un descendiente directo, también adquirió la propiedad que antes le pertenecía.

Aunque legalmente el árbol no podría ser dueño de sí mismo porque la ley declara que quien reciba una propiedad debe tener la capacidad legal de aceptarla, los ciudadanos de la ciudad y el público que la visitan lo reconocen como tal. Incluso existen grupos de alumnos y policías que se encargan de velar por la seguridad y el bienestar de este árbol que funciona como una de las atracciones principales, y ciertamente más curiosa, del estado de Georgia.