El Conventillo de la Paloma, un retazo de historia de Villa Crespo

El Conventillo de la Paloma, un retazo de historia de Villa Crespo

Conocida por las varias interpretaciones de la obra de Alberto Vacarezza, un sainete mezcla de barrio, vecinos y cultura de la época, el Conventillo de La Paloma actualmente no solo respira aires porteños sino que busca convertirse en Centro Cultural.

¿Cuál es la historia original?

La zona de Villa Crespo se vio favorecida a finales del siglo XIX por la instalación de una fábrica llamada “La Nacional de Calzados”, especialmente porque generó una fuerte demanda de mano de obra que, por aquel entonces, estaba nutrida por la gran presencia de inmigrantes.

Los dueños edificaron algunas construcciones para sus empleados, entre ellas un conventillo en la calle Serrano 156, con salida por Thames 145, que tenía 112 habitaciones y solo 2 baños para los cerca de 400 habitantes. En cada habitación entraban 4 personas, que en su mayoría eran italianos, judíos, españoles o árabes.

Cuenta la historia que hasta allí llegó a vivir una mujer siempre vestida de blanco, de ahí el apodo de Paloma. ¿Prostituta, empleada de la fábrica? No se sabía bien a qué se dedicaba, pero sí que fácilmente atraía la mirada masculina. Simpática, “La Paloma” conversaba con sus vecinos machos desde su pequeño patio donde queda su cuarto, a regañadientes de las otras mujeres del lugar.

Pero un día llegó otro hombre, brabucón él, que decía ser su marido. Fue a buscarla y en defensa de la mujer apareció Villa Crespo, el único soltero del conventillo que hasta entonces se mostraba indiferente a la presencia de La Paloma. El amor nació de ese encuentro y se fueron juntos.

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