El Dios de la siesta

En los bosques guaraníes anda un pequeño niño, ojos azules, pelo rubio como los rayos del sol. Travieso, corre entre la vegetación como el más ducho de los animales salvajes. Pero, según cuenta la leyenda, detrás de su apariencia infantil encierra una terrible amenaza.

Jasy-Jateré, que así se llama esta mítica criatura, posee un bastón dorado y un silbato que imita el ruido de los pájaros. Se dice que es a la hora de la siesta cuando realiza sus veloces paseos. ¿Su objetivo? Busca niños perdidos o que han salido a jugar y los toca con su bastón mágico. De esta manera los encanta y los lleva a su morada. Una vez allí juega con ellos, les da frutas deliciosas y miel silvestre. Luego, con un leve beso en la boca, los libera.

Pero no deja a los niños intactos. Al parecer, el beso con el que se despide deja a los pequeños “tontos y mudos”. Algunos incluso sostienen que luego de un año del hecho sobreviene un irremediable ataque de epilepsia. Sin embargo, el efecto se va con el tiempo. Es por esto que las madres prohíben a sus hijos deambular a la hora de la siesta. Más aún, para ganar el afecto de Jasy-Jateré, dejan tabaco por los alrededores de la casa o alcohol para que se emborrache y pierda sus poderes.

Mito o realidad, un invento de las madres para dormir a sus hijos por un rato, o un testimonio cultural legendario. Lo cierto es que Jasy-Jateré es una parte fundamental del folclore guaraní y aparece en leyendas, películas y publicidades.

Texto: Manuel Migoya