El Federal, 150 años de historia inmigrante

El Federal, 150 años de historia inmigrante

Pasó siglo y medio y sigue ahí, en el cruce de Carlos Calvo y Perú. Varió el rubro y  los comensales, nacieron mitos y leyendas, pero en todo este tiempo un vínculo de hermandad, que incluso le imprimió algo de identidad al lugar, supo mantenerse: su relación con los inmigrantes.

El Federal nació en 1864, aunque la exactitud de testimonios, datos y nombres flaquean. Supo ser pulpería, prostíbulo y almacén con despacho de bebidas. Hasta fue escenario de un crimen pasional. “Tiene un vínculo muy estrecho con la figura del inmigrante. El primer encontronazo fue en 1871, cuando la fiebre amarilla trajo aparejado un cambio en la clientela”, explica del otro lado del teléfono Romina Metti, de Nashi Contenidos, encargados de comunicación del Café-Bar.

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Con la primera oleada de inmigrantes y la llegada de italianos, españoles, alemanes, polacos, se instaló una convivencia con figuras que ya frecuentaban el lugar: payadores, carreros y el propio almacenero. Lentamente los foráneos se apropiarían en presencia de la esquina, particularmente hacia 1880 con la llegada en masa desde los barcos.

“Hay una relación con el alcohol, lo etílico venía de ultramar”, agrega Metti, en referencia al cognac, la grapa, el vermú y otros aperitivos que allí se consumían. “También se aprecia cómo fue migrando la identidad de la gastronomía. La actual cocina porteña -explica- está vinculada al viejo conventillo: omellete, tortilla española, guiso y otras tantas preparaciones que fueron creadas para que el europeo se sintiera cerca de casa.”

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Al merodear la esquina, las vitrinas laterales y la puerta de doble hoja pueden confundir con un mercado de pulgas, tan habituales en el barrio. Y en su interior, las sospechas pueden mantenerse. Es que el lugar está adornado por botellas, latas, una caja registradora y una radio antiquísimas, entre otras piezas de colección que se muestran en torno a la barra de madera maciza con arco en alzada que deslumbra.

Metti utiliza un juego de palabras para explicar la actualidad: “Antes la calle Carlos Calvo se llamaba “Europa”, hoy es una de las más transitadas por viajeros del viejo Continente”. En línea con el turismo, El Federal tuvo que amoldarse: las cartas se tradujeron y los mozos se perfeccionaron en el inglés, aunque algunos históricos se resisten.

“Vienen en grandes cantidades, les interesa conversar y conocer la historia del lugar”, sostiene Metti en referencia a los extranjeros. Sentarse por unos minutos en cualquiera de las mesas del bar es suficiente para identificar que el español no abunda en las charlas.

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Aniversario

Desde julio, El Federal realiza actividades para conmemorar sus 150 años, entre las que se destacan sus Postales Souvenir. “Fueron pensadas para que los comensales puedan recuperar un viejo ritual: venir al bar, tomar un café y escribir una postal; el matasellos lo hizo Correo Argentino y se presentará el domingo”, explica Metti.

Además:

Mirada Federal, muestra fotográfica en blanco y negro que Sergio Gasali expone hasta fin de año.
Un cuento Federal, concurso literario.
Los Notables, el programa radial conducido por Leonardo Busquet fue emitido en vivo desde el bar con grandes invitados de la cultura cafetera porteña
Edificio Federal, fue una charla abierta al público con expertos oradores en arquitectura, patrimonio, historia urbana y consumos del ayer.
Como broche de oro, el domingo 9 de noviembre se llevará a cabo El Federal puertas afuera, un festival con música, teatro y literatura junto a buenos amigos, habitués históricos y personalidades notables. Desde las 3 de la tarde, Carlos Calvo al 500 se encontrará cerrada al tránsito para recibir a los protagonistas de la tarde: la Tom Waitsed Band, el grupo de narradoras dirigido por María Idiart y Lidia Corradi, con la participación especial de Norma Pecorelli, Claudia Cane, Natalia Beneitez y Clara Silvia Ioscovich, y el bandoneonista Mariano Dubiansky, entre otros.

Paredes cubiertas con reliquias, el suelo en un mosaico que hipnotiza, los sonidos y aromas tradicionales del cafetín que se desplazan alrededor de las sillas y mesas de madera que en sus imperfecciones realzan la comodidad. Todo está ahí: el ritual del café, la comida rica y abundante, la historia y la transformación porteña. Toda una experiencia que hace que el Café-Bar sea considerado una insignia de San Telmo.

Texto y fotos: Gabriel Costa