El hostel como nuevo Babel

El hostel como nuevo Babel

Texto y fotos: Melissa Kuris

Detrás de unas antiguas puertas de cristal se esconde un mundo cultural. Al atravesar el umbral, diversas sensaciones te dan la bienvenida a un conjunto de colectividades que conviven bajo un mismo techo: libros de diferentes idiomas adornando cada superficie disponible, el aroma de varios condimentos que denotan los diversos orígenes de sus usuarios, una conversación en español cargada de acentos y palabras extranjeras que combinan perfectamente juntos. Estamos en un hostel, no quedan dudas.

Es como adentrarse en la bíblica ciudad de Babel: varios idiomas coexisten y tratan de hacerse entender. Conviven, trabajan y aprenden juntos. Trazando un paralalelismo entre historia y actualidad, los hostels surgen como un nuevo y mejorado Babel.

En el límite de Belgrano y Palermo se asienta Belgrano Hostel, uno de estos nuevos espacios de convivencia. Concebido por un brasileño que hace 18 años reside en este tipo de hospedajes porteños, intenta asegurar un espacio libre, diverso y seguro para extranjeros y argentinos recién llegados a la Ciudad.

“Cuando llegué, me hospedé en uno de la calle Brasil, una coincidencia. Trabajé en la parte de limpieza y fui haciendo contactos que me permitieron empezar a abrir mis propios hostels”, comenta José Antonio do Nascimento en una entrevista con Conventillo Babel. De residente a recepcionista y dueño de su propio lugar, confiesa las ventajas de vivir rodeado de cultura.

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– ¿Cómo surgió la idea de pasar de vivir en un hostel a abrir uno propio?
– Fue toda una etapa. Cuando primero me fui del hostel, había alquilado un departamento y llevé como a cinco chicos conmigo. Con el dinero de ellos alquilé y amoblé todo, porque me pagaban dos meses anticipado. Pasé de un monoambiente a uno de dos, tres y el último tenía ocho ambientes. Así abrí mi primer hostel en Palermo, que incluso fue uno de los primeros en la zona, aunque hoy cambió todo.

– ¿Qué buscabas cuando comenzaste?
– Quería conocer a gente de todo el mundo, compartir, aprender, cocinar. Hoy conozco muchas culturas y aprendí tanto que a veces, con tan solo ver una persona, puedo identificar de dónde es por cómo se viste, por los aromas.

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– ¿Te adaptás a las costumbres de cada país para ofrecer un trato personalizado?
– En realidad, la idea es juntar todas las culturas y hacer una nueva, porque si vos tratás a cada uno diferente no creo que los dejarías cumplir uno de los propósitos del viaje. La idea de que vengan a Buenos Aires es tratar de adaptarse a la cultura de acá y a la de los compañeros que puedan llegar a conocer. Por ejemplo, si ellos vienen acá tienen que conocer el desayuno local con medialunas, dulce de leche, mate… Se tienen que ir sabiendo eso.

– ¿Podemos pensar en el hostel como la antigua Babel?
– El hostel reúne a muchas personas de diferentes lugares. Se intercambia cultura, se aprende muchísimo. El tema de los idiomas es difícil al principio, pero aprendés a comunicarte con las manos. Cada uno aporta cosas diferentes, conviven y se trabaja bien juntos.

FRANKESTEIN DE HUÉSPEDES
El huésped ideal comería como un colombiano, sería alegre y simpático como los brasileros, agasajador como un argentino y ordenado como los europeos.