Freda Montaño: de pasatiempo a vocación

Freda Montaño: de pasatiempo a vocación

Texto: Melissa Kuris
Fotos: Gentileza David Larrea Alvia

Es un lugar cálido y acogedor. Las mesas de madera con manteles de tonos vivos, rojos y verdes invitan a sentarse a su alrededor ya sea para una charla o para compartir un almuerzo casero y tradicional. Alba se pasea por el restaurant limpiando y ordenando cuando golpean la puerta. “Llegó mi mamá”, dice, aunque no comparten la sangre y quizás hasta tengan cercana edad.

En la colectividad ecuatoriana todos la conocen como mamá Freda. Desde que llegó a la Argentina en 1993, Freda Montaño se dedicó a esparcir la cultura de su adorado Ecuador. Con Bejuco, su grupo de arte afroecuatoriano y del cual Alba Kolaitis forma parte, realizó una gira que se transformó en vocación. La suya comenzó como una historia de danza y concluyó como la unión de una cultura adentro de otra nación.

– ¿Cómo pasaron de realizar una gira a quedarse a vivir en Buenos Aires?
– Cuando en 1993, el Ministerio de educación de Chile nos invitó a actuar en la segunda región, no teníamos plata ni apoyo. Y nos la pusimos a conseguir nosotros, bailamos en diferentes ferias y lugares. Y después de presentarnos en Chile decidimos seguir. Tres meses dijimos que duraría la gira, pero fueron muchos más. La idea era ir por todos los países donde hubo asentamiento negro, conocer cuál fue la manifestación cultural de aquellos afrodescendientes que fueron quedando en esos lugares y también transmitir lo nuestro. Cuando vinimos acá nos fuimos encontrando amigos, afrodescendientes argentinos… Ya de ahí se fueron dando cosas, fuimos haciendo un montón de actividades y el tiempo se nos fue pasando.

– ¿Qué creés que aportás a la cultura argentina?
– Ay, no sé. Yo voy caminando y voy haciendo cosas. Es lo que sale de mi corazón. Creo que todo lo que escribo son mensajes, y esos mensajes llegan a la gente. Ese es mi gran aporte: buscar siempre que estemos unidos, reconocer que la vida continúa y que pensemos que podemos hacer muchas cosas. Que nadie diga que no puede, porque si es difícil buscamos quién nos ayude. Y me ha resultado. Cuando a mí me ponen palos en la rueda, me están alegrando el alma. Porque es donde me lleno de energía para seguir. Y sigo.

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Ya asentada en la Argentina, Freda inició su cometido. Primero inauguró la Escuela Integral de Artes Freda Montaño, dedicada a todo aquel que quisiera conocer, vivir y aprender un poco de la cultura afro y ecuatoriana que los diferentes profesores estaban más que dispuestos a impartir. En un principio se ubicada en Defensa 1464, una casona antigua en San Telmo que había sido prestada por su dueño.

Años después, fueron desalojados por el mismo dueño que quería vender su propiedad. Pero antes de irse, descubrieron unos túneles que corrían en el subsuelo del lugar, prueba de la presencia afro en el país que se consideraba el más blanco de América Latina. Comenzó entonces una lucha para declarar el lugar como patrimonio cultural e instaurar allí un museo dedicado a la cultura afroamericana, lucha que sigue hasta la actualidad.

Pero esas no fueron las únicas actividades que la animosa Freda se dedicó a realizar. Con los ecuatorianos que conocía y los que fue conociendo fundó la Asociación de Residentes Ecuatorianos en Argentina (AERA) e incluso abrió su propio restaurant de comida ecuatoriana con un nombre que, aunque previsible, no deja de ser apropiado: Rincón Ecuatoriano.

– ¿Cómo se inició la AERA?

– Unos años después de haber llegado al país, un médico me dijo que acá los ecuatorianos no se juntaban. Y yo me propuse a unirlos. Pero no tenía ni un solo peso en el bolsillo, ni una casa. Un día estábamos en un hotel de cinco estrellas y al siguiente estábamos estrellados. El grupo Bejuco es el que abrió la puerta para todo. Para la unión de los ecuatorianos. Lo hacíamos todo desde Bejuco. Hasta que nos dimos cuenta que era hora de poner una asociación civil. Así nació AERA. Siempre buscando la unión.

– ¿Considerás que lograste un cambio de visión de los argentinos hacia los afrodescendientes?
– Yo sí creo que hay cambio. En un país que se creyó siempre más europeo se ha empezado a reconocer y aceptar que los negros siempre estuvimos y que vamos a seguir estando. Y nos hemos unido con otras personas que no solamente son negras. Empieza por el respeto a lo que son las diferencias. Eso ayuda a modificar una nación. Porque pienso que cuando una persona cambia, cambia su medioambiente. Y eso es lo que ha pasado. El cambio se ha notado. Mi aporte es muy sencillo. Del corazón.

– ¿Cuál es tu mayor logro en relación al trabajo que realizaste con la cultura ecuatoriana y la afro?
– Encontré amigos para seguir, lo que genera que lo que me permitió lograr muchas cosas. El hecho de estar acá, por ejemplo. Abre un montón de puertas. Creo que la cosecha es esa, los amigos que se han conseguido. Si yo no tuviera amigos no seguía. Cuando uno tiene los amigos se mueve y hace mil cosas. Otra cosa muy importante es el hecho de haber mantenido un grupo firme, porque no siempre sucede. Los grupos se hacen y después se deshacen. Acá nosotros todos estamos haciendo actividades. Y eso nos hace pensar que nuestra idea no ha sido infructuosa, sino que sigue. Y que tenemos para seguir. Porque cada día hay algo que hacer.

– ¿Lograste tu objetivo de unir a los ecuatorianos en Argentina?
– Creo que sí, porque en este momento hay otros grupos que se nos han unido. Hacemos eventos todos juntos. Y todos ven en Freda a su mamá Freda. Yo voy a un lugar y me conocen muchos. Me reconocen. Me dicen que soy la representante de los ecuatorianos acá en Argentina. Todos saben que yo soy su mamá, la que logró unirlos.