Carnaval boliviano

Carnaval boliviano

El 6, 7 y 8 de marzo todo el país deja su rutina para celebrar la fiesta grande, la alegría y la cultura: el carnaval.

Este acontecimiento es muy esperado por los nueve departamentos de Bolivia, en el que cada uno siguiendo sus propias tradiciones culturales despliega en sus calles, avenidas y hogares el festejo y la algarabía.

Culturalmente para el país es una época donde no tiene cabida la tristeza, la soledad ni la pobreza, y es que el carnaval boliviano se caracteriza justamente por el júbilo, las comparsas y reuniones entre amigos y el derroche de alegría sin escatimar en el coste económico que participar del evento pueda significar.

Todo esto comienza con “el corso”, desfile de comparsas y danzas la noche del sábado, para continuar durante el domingo, lunes y martes anteriores al miércoles de ceniza y al comienzo del tiempo de cuaresma.

Las actividades tradicionales en las diferentes regiones son tan variadas que van desde entradas floklóricas de adoración a La Virgen a corsos de comparsas con reinas cubiertas por plumas multicolores.

Internacionalmente El Carnaval de Oruro es el más conocido dado que en 2001 fue declarado por la UNESCO  como “obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad”, y es reconocida como “expresión cultural, popular y tradicional de valor excepcional desde el punto de vista filosófico, histórico, económico, antropológico, lingüístico, sociológico, artístico y literario”. Más de medio centenar de conjuntos ejecutan diversos bailes durante más de veinte horas desfilando ante 400.000 espectadores nacionales y del extranjero.

Pero existen otras tradiciones en el país, como es el caso del carnaval de Santa Cruz, que comienza semanas antes con las llamadas precarnavaleras o precas, que se realizan la noche de sábados anteriores al carnaval en los que las comparsas saltan por el centro de la ciudad con sus “reinas” elegidas según la predisposición carnavalera y festiva y los cánones de belleza vigentes. Lo más llamativo de este carnaval, además del característico júbilo con el que es celebrado por los cruceños, es lo llamativo de los trajes, el colorido de sus plumas y carros alegóricos en los que las reinas posan saltando y saludando a la gente.

Al atardecer del sábado, estas agrupaciones “saltan” en el “Corso” y desfilan por una avenida previamente establecida, en el que existe un jurado que elije la mejor coreografía de las danzas en ritmos tradicionales de taquirari, chovena y carnavalito.
En los tres días subsiguientes los cruceños festejan con música, divirtiéndose con agua y espuma en las calles y garajes de la ciudad. Históricamente “la fiesta grande de los cruceños”, así como la de los demás departamentos, se caracterizó por una diversión pacífica, sin embargo en versiones anteriores ocurrieron actos de violencia, debido a conflictos entre comparsas y el consumo en demasía de alcohol, por lo que las autoridades han reforzado la vigilancia y patrullaje durante “los tres días de mojazón”.

Texto: Raquel Orozco

Foto: Kombi pal Norte