Ivonne Guzmán: de música y otras propuestas de vida

Ivonne Guzmán: de música y otras propuestas de vida

Texto y foto: Gabriel Costa

El destino vuelve a llamar a la puerta de Ivonne Guzmán y ella abre sin titubeos. Del otro lado una propuesta, una canción, recuerdos. En realidad no sabe bien qué puede haber del otro lado, pero la vida misma le dio la confianza para hacerlo y entonces se anima, va y abre.

Vivió en Colombia, Camerún y Argentina, donde reside desde hace 14 años, y también recorrió cientos de ciudades en otros países, lo que en la sumatoria final la hace sentirse un tanto nómade. ¿Qué sigue? Dice que no lo sabe y también dice que tampoco lo piensa demasiado.

Lleva un camino de 30 años donde aprendió a convivir con propuestas impensadas, aunque guiado siempre de notas musicales. En este trajín elaboró su identidad, eso que hoy la lleva a creer que el origen de todo reside en África, que estar arriba de un escenario es un despliegue energético único, que hubo una época en que la eligieron porque representaba un estereotipo. Lanza un “qué copado” y liquida con un “qué chévere”. Ivonne Guzmán está abierta y lista para lo que la vida le vuelva a proponer.

Café, banana, azúcar

Nació en Bogotá en septiembre de 1984, en el seno de una familia de clase media-baja. Cuatro años más tarde se mudaría a Medellín con sus padres, donde nació su hermana. Papá Guzmán, contador de profesión, se destacó entre las filas de la empresa Chiquita Banana y llamó la atención de propios y ajenos, a tal punto que le llegó una tentadora propuesta desde Del Monte, la competencia en la industria del plátano, para un trabajo en Douala, Camerún. La decisión estaba tomada, era la primera vez que la familia salía del país y viajaba en avión.

Con 10 años de edad, la adaptación en África no le resultó sencilla. “El choque cultural fue muy fuerte: los olores, la gente, los colores, el código con que se manejan las personas”, cuenta Ivonne en charla con Conventillo Babel. En materia académica, la cosa no fue más simple: “Allá nadie habla español. Iba a entrar a 4° grado y no sabía inglés más allá de lo que se enseña en una escuela pública”.

Es que la llevaron a estudiar a una escuela americana, con alumnos provenientes de distintas partes del mundo. “Tenía compañeritas de Alemania, una de la India, otra de Corea del Sur. Al principio no me podía comunicar con nadie, tampoco estaba acostumbrada a ver mujeres cubiertas de pies a cabeza por una cuestión religiosa”, detalla, y agrega: “Luego todo se naturalizó, recuerdo que iba a la casa de una amiguita paquistaní y en algún momento cuando jugábamos ella se iba a rezar”.

En diciembre de 2000 debió buscar nuevos rumbos ya que las opciones educativas eran limitadas. “Hice un año de colegio por correspondencia hasta que a mi papá lo llamaron desde Argentina”, recuerda a la perfección. La familia se mudó al Ingenio San Martín del Tabacal, en Salta, un pueblo colonial con calles de tierra, donde viven las familias que trabajan en la fábrica de azúcar. Allí nació su hermano menor, que actualmente vive con sus padres en Ecuador.

Ivonne avanzó en sus estudios en Argentina, pero a los 16 años la vida le preparaba otra sorpresa…

Bandana, estereotipos, inmigración

– Muchas personas viajan por placer. ¿Cómo fue viajar por cuestiones familiares?
– Me siento afortunada, algo que me marcó y abrió la cabeza. Me permitió aprender el respeto hacia el otro, darme cuenta que más allá de las diferencias culturales, de religión, somos todos parte de un mismo mosaico, una misma raza.

– ¿Cómo te llevás con la cuestión inmigrante?
Me genera un poco de dolor los que generalizan, por ejemplo con el tema de los narcos porque muestran ignorancia, son pensamientos superficiales. Lo entiendo porque es marketing y manipulación de los medios: se puso de moda la novela de Pablo Escobar, entonces eso llevó al boom de los narcos y los colombianos. Pero eso es una parte de una historia que no representa el país, su gente, la esencia.

¿Creés que tu condición de extranjera influyó en tu carrera de artista?
– En Argentina sí, porque cuando me eligieron para Bandana representaba un estereotipo, al de la latina. Conozco lo que tengo para dar musicalmente, artísticamente, pero sé que esa elección fue un casting como si fuera para una comedia musical: 5 personajes específicos que se buscaban con un perfil cada uno.

– ¿Cómo recordás el haber vuelto a estudiar español al llegar a la Argentina?
Fue un shock, tenía 15 años, había palabras que se me habían olvidado ya que por entonces hablábamos spanglish con mi hermana. Y la gente me recibió de una manera que no me fue difícil insertarme. Aunque cuando pasó lo de Bandana tuve que dejar el colegio y después rendirlo libre. A partir de ahí fue todo una vorágine, empecé mi carrera profesional: vivir sola, cobrar un sueldo…

– ¿Pudiste regresar a Camerún?
Sí, 10 años después, fue increíble conectar con la música desde otra perspectiva, poder entender y comprender un poco más sus puntos de vistas, las culturas, asistir a ensayos de las tribus Baka. Ahí me di cuenta que África es el origen de todo, allá está la posta: es la gente, las culturas, es el origen, sentís la percusión, lo que nosotros heredamos.

– ¿Creés que la música tiene un hilo que lo une de alguna manera con la inmigración?
Creo que sí, la influencia musical de todos los países donde viví fue muy fuerte para mí: mis producciones solista están teñidas de música afro, latinoamericano.

– ¿Tenés una palabra que represente cada lugar en el que viviste?
Colombia: mi raíz. Camerún: un pilar. Argentina: mi casa.

– ¿Y si te pido que me digas de dónde sentís que sos?
(Piensa, sonríe y suelta…) Del mundo.

Duendes fue el primer disco solista de Ivonne Guzmán. Luego de frenar un tiempo para disfrutar de algunos cambios personales que atravesaba (entre los que se encuentra su casamiento hace algunos meses con un músico argentino) actualmente prepara un EP que piensa lanzar a principio del año que viene.

“Por ahora estoy aquí, Argentina ha sido una huella grande, me terminé de formar como persona”, cuenta a modo confesión, aunque en el ambiente sobrevuela un halo de incertidumbre, justo cuando el destino vuelve a llamar a la puerta de Ivonne: “No creo que vaya a terminar mis días en el país, siento internamente que algún día me iré”.