Kim Dong Ho: “La adaptación depende de cada persona”

Kim Dong Ho: “La adaptación depende de cada persona”

Texto y foto: Gabriel Costa

“Considero que soy un continuador de la cultura y tradiciones de Corea ya que, por ejemplo, me gusta ver programas coreanos antes que Tinelli. Pero tampoco me siento muy coreano porque leo Clarín en lugar del diario de la colectividad”, cuenta Kim Dong Ho a Conventillo Babel. Nació en Seúl en 1980, pero inmigró con 10 años a la Argentina, y hace uno y medio que reside en Bolivia por una decisión comercial. Sobre lo que viene, desliza incertidumbre: “Uno nunca sabe, jamás pensé que vendría a Bolivia, pero aquí estoy viviendo. Por ahora no te podría decir dónde me gustaría vivir”.

En uno de los pocos momentos libres que Kim encuentra en el día para sentarse tranquilo y dejar de corretear detrás de Francisco, su primer hijo, de poco más de un año, hace memoria y cuenta que llegó a la Argentina el 20 de junio de 1990 junto a sus padres, en pleno Mundial de Fútbol, alentado por un organismo del gobierno coreano que ayudaba durante algunos meses a establecer a las familias. Luego de 11 años de vivir en Capital, se mudaron al Conurbano bonaerense, más precisamente a Escobar, donde establecieron su local de venta de ropa.

¿Por qué Argentina? “Cuando quebró la empresa constructora en la que mi padre trabajó durante mucho tiempo en Arabia Saudita, perdió el trabajo y encontró un panorama difícil en Corea para construir un emprendimiento o buscar un trabajo por la competencia existente”, explica Kim. Entonces apareció la posibilidad de emigrar. “Aquella época (1988), Argentina aceptaba migraciones por inversión (U$50.000 por familia). Y decía que una familia de 5 personas podía vivir con 100 dólares por mes”, cuenta en un castellano impecable. Luego de 2 años, entre la solicitud, entrevistas y papeles, la familia emprendió el viaje, sin tener un conocido que lo esperara al llegar a destino.

En la Argentina, Kim cursó primaria, secundaria y se graduó como licenciado en administración de empresas por la Universidad del Salvador (USAL). A su fiesta de casamiento, guiada por las costumbres coreanas, asistieron una gran cantidad de amigos argentinos y de la colectividad. “Parece que me porté bien estos 23 años en el país, sentí mucha emoción al ver tanta gente que vino a acompañarme en un día tan especial, estoy muy agradecido”, dice.

Identidad

En 2015 se celebran los primeros 50 años de la primera inmigración coreana en la Argentina. En ese marco, la colectividad preparó distintas actividades para conmemorar la fecha: ciclo de cine, comida tradicional, entre otros.

Kim deja escapar su lado tímido y dice que prefiere la entrevista sin foto, luego se vuelve sobre su persona: “Es muy difícil describir cómo soy”. En cuanto al vínculo con sus orígenes, explica con ejemplos: “Disfruto más de escuchar música coreana que argentina, pero no me siento cómodo cuando estoy con los coreanos que crecieron en Corea porque mi forma de pensar y expresar es muy diferente de ellos”.

Esta especie de dualidad que asoma se manifiesta como un proceso de construcción que atraviesa distintas etapas de la vida y se mantiene vigente.

CB- ¿Te costó la adaptación al nuevo país?
KDH- Cuando era chico no tanto: aprendí fácil el idioma y no tuve problemas en tener amigos. En la secundaria se hace difícil porque te das cuenta que sos muy diferente, tanto en el aspecto físico como cultural con los argentinos. Creo que en esa época empecé a tener más amigos coreanos que argentinos porque me sentía más identificado con ellos.

CB- ¿Sentiste algún rechazo de parte de los argentinos en algún momento?
KDH- Ya más grande no tuve problemas. Sabía exactamente en qué situación estoy y cómo comportarme. Trabajé en una empresa y tuve mis negocios, pero en ningún momento sentí rechazo por ser coreano. Siempre hay gente que te burla en la calle o algunos que te discriminan, pero creo que esa clase de gente hay en todas partes del mundo. Esto de la adaptación creo que depende de cada persona tanto por su personalidad, factores y situaciones que se presenta. Yo tuve suerte de tener buenos amigos y conocidos que en ningún momento me rechazaron, y tengo muchos cariños por ellos.

CB – ¿Hoy que estás en Bolivia: cuál sentís que es tu casa, dónde pensás que te gustaría vivir?
KDH- Estoy hace 1 año y medio en Bolivia, por ahora estoy cómodo. Son 3 horas de vuelo desde Santa Cruz hasta Buenos Aires, así que no me siento muy lejos. Porque aún me siento en casa en Argentina ya que está toda mi familia y mis amigos ahí. Extraño mucho el asado, la cerveza con los amigos y los fines de semana largo.