Kumari: de niña a diosa

Texto: Manuel Migoya

Matina Shakya tiene ya 10 años y hace siete que es considerada una diosa viviente. Oriunda del Valle de Katmandú, Nepal, esta niña representa una de las pocas costumbres en la que ambos, budistas e hindúes, coinciden: una tradición heredada de otro tiempo.

Las niñas deben cumplir con 32 condiciones de belleza y perfección para ser seleccionadas. Muchas tienen que ver con rasgos animales, como piernas de ciervo o voz clara como la de un pato. Además de dentadura perfecta, un historial médico inmaculado, pelo y ojos bien oscuros y coraje. También se revisa su horóscopo en busca de señales que apoyen o sepulten su candidatura y su ascendencia familiar (debe ser de la casta newar). Si una candidata, como fue Matina allá por 2008, cumple con todos estos severos requisitos será preparada en secreto por los sacerdotes para convertirse definitivamente en una Kumari.

Sus seguidores sostienen que la niña tiene poderes curativos y adivinatorios que le son dados por la diosa Taleju que habita su cuerpo. Es por esto que es tratada con especial cuidado. Su dieta y su actividad diaria son vigiladas estrictamente, se evita que toque el suelo o que derrame lágrimas. Un solo corte la desacralizaría, ya que la diosa se escaparía por él. Es por esto que solo ostentan el título hasta su primer menstruación.

En los últimos años se ha hecho hincapié en la vida de las niñas una vez perdida su condición de diosa viviente. Rasmila Shakya, ex Kumari, logró obtener un título profesional y fue protagonista del documental “Kumari: La diosa viviente”. Pero es la excepción. Es por esto que el gobierno de Nepal ha asignado una pensión vitalicia a las ex-diosas y también se asegura de que reciban educación apropiada durante su reinado.

Pero otro problema se les presenta en su vida a partir del gran cambio. Al parecer, muchos hombres de la zona creen que la carta astral de una ex-Kumari es demasiado fuerte y puede traer mala fortuna a su futuro marido. Aunque otras posturas sostienen que esas viejas supersticiones ya se están dejando de lado en Nepal y que la gente hasta se casa entre castas.