La historia de Corea del Sur en una película llena de emociones

La historia de Corea del Sur en una película llena de emociones

Texto: Milagros Benitez
Fotos: Festival Han Cine

Fuimos al Festival Han Cine y vimos Oda a mi Padre; esto aprendimos del país asiático.

 

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Un matrimonio mayor en una terraza de una ciudad coreana se toma de la mano mientras él confiesa que siempre quiso manejar un barco. Cuando ella pregunta por qué nunca antes se lo había dicho, comienza la retrospectiva de la historia de la familia Yoon, que representa las luchas constantes de la República de Corea.

Duk-soo era solo un pequeño niño cuando inició la Guerra en 1950 y su familia tuvo que abandonar su pueblo y buscar asilo en barcos estadounidenses que esperaban en la bahía con dirección al sur. En ese momento, el chico pierde a su hermana y el padre, decidido a buscarla, le encarga la difícil misión de ser el jefe de hogar y la responsabilidad del cuidado de su madre y sus otros dos hermanos.

Con la esperanza constante del fin de la guerra (gran desilusión le causa la declaración de armisticio en 1953) y de reencontrarse con su hermana y padre, Duk-soo (Jeong-min Hwang) se enfoca en llevar pan y mantener el hogar. Ya mayor de edad y con un trabajo de poca paga, el hermano menor es aceptado en la prestigiosa Universidad de Seoul y Duk-soo decide embarcarse a Alemania del Oeste, país que estaba recibiendo coreanos para que trabajen sus minas.

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Fueron miles los surcoreanos que buscaron mejores salarios en el país germano entre 1963 y 1977, y allí formaron su propia comunidad, visible a través de la relación que nuestro héroe encara con la bellísima enfermera, Youngja (Yunjin Kim). Pero esas visas de trabajo empiezan a ser revocadas tras una catástrofe en una de las minas, justamente, en la que Duk-soo estaba.

El muchacho y su mejor amigo salen sin heridas graves de esa pesadilla y regresan a Busan, su pueblo en Corea, sin la adorable Youngja, que le rechaza el pedido de acompañamiento. Retoma su vida cuando ella aparece con un bebé en el vientre y la pareja felizmente contrae matrimonio. Pero poco tiempo pasa hasta que una oportunidad de ganar en dólares en el exterior atrae al par de amigos.

El problema ahora es que el trabajo consistía en asistir en las comunicaciones en Vietnam y el país estaba en medio de la guerra civil. Pero una vez más, los inseparables van en busca de mejor paga. Quedan atrapados en medio del fuego entre guerrillas pero lo que le causa una grave lesión a Duk-soo es la explosión de unas bombas en un edificio controlado por Estados Unidos. El dúo regresa, más deteriorado físicamente pero con igual espíritu a la península coreana.

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Duk-soo ya tenía varios hijos cuando el país decide intentar unir a las familias separadas por la guerra y organiza una juntada masiva en la capital. Allá va él, convencido de que podrá averiguar el paradero de su padre y hermana. En una escena muy emotiva, televisada para toda la república, Maksoon, la hermanita, aparece desde Los Ángeles, sin hablar una palabra de coreano y emocionada hasta las lágrimas, encuentra a su familia.

Aunque el film lo muestra como un devenido viejo cascarrabias, nuestro muchacho ejemplar solo intentaba cumplir el mandato que su ídolo le había dejado aquel día de invierno bajo la invasión china. Y llega a la vejez sabiendo que la promesa está cumplida, aunque con muchas ganas de reencontrarse con eso que los sucesos de la modernidad hicieron que se separaran de él.

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