La tristeza del Maya

Cuenta la leyenda que un día los animales, reunidos en consejo, se encontraron con un hombre triste. En seguida decidieron que no querían verlo en ese estado y que algo debían hacer por él. Cuando le preguntaron cómo servirlo para mejorar su estado, éste les pidió nada más y nada menos que la felicidad.

– No podemos darte felicidad hombre Maya, pues somos meros animales y no conocemos tal cosa, respondieron.
-Entonces denme dones, que me ayuden a serlo.

Y los animales accedieron gustosos. Pidió mejor vista y el zopilote (especie de buitre) le dio la suya. Quiero correr sin que la fatiga abrace mis piernas, dijo luego el Maya. Y el venado le otorgó su resistencia. Después reclamó la fuerza del jaguar y la tuvo. Quiso saber cuándo llovería y cuándo el sol secaría la tierra, y el ruiseñor le enseñó a hacerlo. Y por último, la serpiente lo aleccionó sobre qué plantas de la selva podrían matarlo con apenas rozarlo, cuáles sanarían hasta el peor de los males y cuáles nutrían mejor el cuerpo del hambriento.

Finalmente partió el hombre de vuelta a su aldea, repleto de nuevas habilidades otorgadas de buen gusto por las criaturas salvajes. Sin embargo seguía triste ya que entre todos esos dondes ganados no estaba aquel que su corazón deseaba fervorosamente. Sabía correr, sabía cuando sembrar y cuando migrar, sabía levantar grandes troncos y muchas otras cosas más, pero no cómo ser feliz.

Recopilación: Manuel Migoya