Moustafa: “No somos turistas, somos inmigrantes”

Texto: Melissa Kuris

La calle. Ese es el lugar que para un gran número de inmigrantes significa un nuevo inicio, trabajo, amigos e incluso educación. África siempre estuvo presente en Argentina a través de sus inmigrantes, descendientes y refugiados. Sin embargo, alrededor de la última década su presencia aumentó exponencialmente en el país, según se desprende de estadísticas de radicaciones (2014) y de permisos de ingreso (2004-2013) de la Dirección Nacional de Migraciones (DNM), y abordado por especialistas en la temática.

También aumentaron los puestos improvisados que pueden verse por Once, Flores e incluso Caballito. Joyería, carteras, billeteras y varios otros ítems están a disposición del público que quiera comprarles a los vendedores, que compensan la falta de idioma con carisma y dedicación. En su informe de marzo 2015, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) relaciona estas ventas con la ilegalidad. Pero existen análisis que establecen otras perspectivas.

“Vine a trabajar”, comenta Mohamed, que con sus 19 años y a solo nueve meses de haber llegado a la Argentina ya tiene un puesto de carteras en Azcuénaga y Av. Corrientes. Su respuesta es la misma que ofrecen sus pares. Algunos son jóvenes, otros no tanto, pero todos cuentan una historia en común: una familia en su patria a la que quieren ayudar.

Fuente: INDEC. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010.

Fuente: INDEC. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010.

El mecanismo parece ser el mismo sin importar el país del que se proceda. Con o sin contacto, los inmigrantes lo primero que hacen es buscar a su comunidad dentro de esta nación que para ellos aún es una mera extraña.

En su mayoría, los recién llegados son de nacionalidad senegalesa, pero eso no significa que sea la única procedencia que puede observarse por las calles de Buenos Aires y de varias otras provincias. Según Alicia Bernasconi, secretaria del Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA) son más de quince las naciones que funcionan como punto de partida para lo que se cree será una vida mejor, siendo Sudáfrica y Egipto las mayores presencias encontradas luego de Senegal.

CEMLA en base a datos del INDEC. Censo 2010

CEMLA en base a datos del INDEC. Censo 2010

Las nacionalidades indicadas en el cuadro son las de mayor cantidad de personas, en orden decreciente, y dan cuenta del 86,4% de todos los africanos registrados en el censo 2010. “África” figura tal cual en la fuente (que son los datos crudos del censo 2010, procesados con REDATAM). El total de inmigrantes de ese Continente, según resultado publicado por el INDEC, es 2.738.

¿Bienvenida?

Al llegar, la realidad es un poco diferente. El mundo real es un entretejido de calles en el que apenas se puede vislumbrar un espacio para caminar y mucho menos un lugar en el que instalarse a vender. Duermen en hoteles familiares, compartiendo el cuarto con varios compañeros para afrontar el contexto económico de los primeros meses en su nuevo hogar.

“El nivel de vida es como el de casi todo inmigrante. Nosotros no somos turistas, somos inmigrantes. Estamos en la búsqueda de una vida mejor. Si bien uno puede empezar su etapa de vida acá en la Argentina de una manera más o menos difícil, uno puede ir mejorando”, expresa Ndathie “Moustafa” Sene, presidente de la Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina (ARSA), en diálogo con Conventillo Babel.

Moustafa llegó de Senegal a la Argentina en agosto de 2007 y es prueba viviente de que sus palabras son verdad. De vendedor ambulante a camarero, a trabajar ahora en la Comisión Nacional de Refugiados (CONARE), superó cada barrera para mejorar su calidad de vida, y de progresar, habla con conocimiento. “Muchos son vendedores ambulantes porque les parece un trabajo mucho más independiente. También un trabajo que ellos pueden hacer sin depender mucho del idioma. Desde la ARSA tratamos de respetar la independencia de los trabajadores cuando llegan acá. Cada uno trabaja en lo que le gusta y si quiere ir cambiando uno puede ir apoyándolos”, explica.

La ARSA es la que funciona como primer amparador de los migrantes y refugiados senegaleses. Los auxilia en materia económica, intelectual y brinda asistencia en todo lo relacionado a la documentación. No solo les ofrece orientación con los trámites que deben realizar, sino que también brindan cursos de idiomas para ayudar en su inserción en el país. En este último tópico, también existen otras iniciativas privadas que ofrecen sus servicios.

Idioma y trabajo

“Acá” es la respuesta que más de un senegalés ofrece cuando se le pregunta dónde aprendió el idioma. “Acá” vendría a ser la calle en la que trabajan, los puestos que comparten y atienden. Bamba, como lo llaman, vive en Argentina desde 2013 y aprendió a hablar español en la calle. “No es tan bueno, mi amigo me ayuda”, desliza con modestia refiriéndose a uno de los trabajadores con quien comparte la intersección de Av. Corrientes y Larrea. Sentado sobre un banco que improvisó a partir del carrito, ahora vacío, con el que transporta su mercadería todos los días, contesta cada pregunta nuestra, interrumpiendo ocasionalmente sus respuestas para informarles, con una sonrisa sincera, los precios a posibles compradores.

La aparente falta de interés en el estudio parece ser una temática recurrente entre los diferentes migrantes de ese país y sucede por la visión que tienen como prioritaria. “Los chicos llegan con la idea de empezar a ayudar a su familia al mes siguiente. Les resulta muy difícil concentrarse en una formación porque se necesita sacrificar un tiempo determinado para poder concentrarse y este tiempo para ellos es un gasto, no lo llaman formación sino que para ellos es un gasto”, opina Moustafa.

Destaca, de igual modo, el nivel de trabajo que tienen sus compatriotas: “Algo que sí mejoró mucho es el trabajo. Acá se ve cómo todos están concentrados en eso desde que llegaron hasta hoy en día. Todos los que vienen siempre tienen ganas de trabajar. Siempre están en la calle trabajando todos los días”.

Moustafa, a la derecha de la imagen, junto a Martín Arias Duval, titular de la DNM, y a integrantes de la colectividad senegalesa Fuente: ARSA

Moustafa, a la derecha de la imagen, junto a Martín Arias Duval, titular de la DNM, y a integrantes de la colectividad senegalesa
Fuente: ARSA

Es que para ellos hay mucho en juego. No solo trabajan para subsistir o para mandar una ayuda a la familia que dejaron, las conocidas remesas. Algunos lo hacen para poder traer, en algún momento, a esa familia y otros para poder visitarlas en algún momento.

Tras sus dos años en el país, Bamba llegó para mantener a su familia y explorar sobre su profesión. “En Senegal soy joyero, de plata y oro. Me gusta viajar para agregar mi negocio, para conocer más la joyería”, explica. Según cuenta, también viajó por Francia, España, Turquía y Mauritania.

Bamba, que habla español con mucha fluidez aunque lo “ayuda su amigo” destacó con simpleza el sentimiento de muchos inmigrantes. Ya sea con estudios o sin ellos, sabiendo mucho o poco español, vendedor ambulante, mozo o administrativos, Bamba, con una palabra, pareció resumir el sentimiento y propósito de todos. Cuando se le preguntó si había visitado a su familia desde su llegada al país, con una mirada soñadora respondió: “Pronto”.

Video
A principios de 2014, el programa CIUDAD ABIERTA lanzó un interesante documental sobre los Afro en Buenos Aires.