Paraíso de hielo

Paraíso de hielo

Texto: Melissa Kuris
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No quedan dudas de que la inteligencia humana es capaz de invenciones magníficas ante adversidades. Con un poco de ingenio, cualquier material sirve para crear arte. En la ciudad de Harbin, en la provincia china de Heilongjiang, donde la nieve invade los cuatro meses de invierno, se realiza uno de los eventos más esperados en el ámbito artístico: el Festival Internacional de Esculturas de Hielo y Nieve.

Realizado desde 1963 —aunque interrumpido hasta 1985 durante la Revolución Cultural china—, inicia oficialmente cada 5 de enero y se extiende hasta que termine el invierno boreal. La celebración cuenta con artistas provenientes de todas partes del mundo que quieren participar de este fenómeno cultural donde la magia cobra forma de hielo. La consigna es muy simple: confeccionar una estructura magnífica hecha a partir de bloques de nieve.

Los tradicionales muñecos de nieve ceden su lugar a incontables esculturas mitológicas, monumentos turísticos y demás obras de arte que tienen en común no solo el material del que son creadas, sino también su majestuosidad. Si bien las estructuras son visibles de día, es de noche cuando empieza el verdadero espectáculo: cada obra tiene en su núcleo luces de colores que combinadas con las figuras crean un paraíso de hielo digno de una película de Disney.

Pero las esculturas no son las únicas creaciones presentes: laberintos y toboganes para los chicos, bares para los grandes e incluso hoteles que suelen ser de gran atractivo turístico —todos estos hechos del material glaciar temático del evento— pueden encontrarse en las calles que ceden su lugar a este gélido e increíble festival.

Este museo helado solo es posible gracias a las temperaturas que suelen caer hasta varios grados bajo cero: el mantenimiento de cada estructura depende de un cuidado intenso para conservarlas a -15ºC. Pero como todo lo bueno, este festival tiene un fin: cuando la temperatura empieza a elevarse las estructuras se derriten y la ciudad vuelve a la normalidad, aunque siempre con la promesa implícita de que al año siguiente la magia volverá a reinar.