¿Por qué tiramos fuegos artificiales en año nuevo?

¿Por qué tiramos fuegos artificiales en año nuevo?

Texto: Manuel Migoya

Llega el nuevo año y los ciudadanos del mundo lo reciben con estruendo. Miles de ciudades compiten por ser la que más y mejores fuegos artificiales lanza al cielo. Es que sin esas explosiones de colores intensos que se entremezclan en una danza intensa y efímera, la última noche del año no sería lo mismo. Pero, ¿de dónde viene esa costumbre?

Fue el milenario pueblo chino el inventor de la pólvora. Al parecer, también son ellos los responsables de la moderna costumbre de iluminar la noche a base de fogonazos de colores (al menos, parece una teoría razonable). Y, como si fuera poco, el origen puede ser una leyenda tradicional. Acá va:

Vivía hace ya más años de los que se pueden contar con cordura, debajo del mar, al lado de un pequeño pueblo costero chino, un temible monstruo de incalculables dimensiones e innombrables aficiones. Al parecer, gozaba profundamente con visitar el tranquilo poblado una vez al año para dar rienda suelta a sus más altas necesidades: matar a diestra y siniestra.

nian

Nian, la leyenda china que explicaría los fuegos artificiales que tiramos a fin de año.

Pero no elegía una fecha al azar. Sería cruel y violento, pero todos tienen algo bueno en sí, y Nian, que así se llamaba la criatura, poseía el don de cumplir a rajatabla con el calendario. Así que emergía de las costas cada Año Nuevo Chino, en lo que se podría pensar que era ya una especie de contrato algo macabro con los pobladores que tan solo atinaban a esconderse en sus precarias casitas.

Pero en la víspera de una de las anunciadas catástrofes, llegó al pueblo un viejito de barbas grises que afirmaba ser capaz de derrotar a Nian. Como no podía ser de otra manera, los vecinos lo tomaron por loco y corrieron a refugiarse de la bestia. Nadie esperaba volver a ver al viejo y capaz alguno se alegró pensando que tan sencilla presa aliviaría la furia del monstruo.

Sin embargo, cuando llegó Nian al pueblo, el viejo comenzó a detonar una inmensa cantidad de petardos que terminaron por doblegar el valor del atacante, quien huyó despavorido para no ser visto jamás. Los habitantes del pueblo, agradecidos, decidieron imitar al viejo todos los Año Nuevo, no vaya a ser cosa que Nian regresara. Y así se hizo costumbre allá, al otro lado del globo, adornar las ciudades con estandartes rojos y detonar pirotecnia al fin de año.