Ruido amarillo, la trilogía china de Laura Riera

Ruido amarillo, la trilogía china de Laura Riera

Texto y fotos: Gabriel Costa

Luego de 25 años de dirección de teatro y cerca de 50 obras en el currículum, Laura Riera creyó que era hora de buscar algo distinto. “Fue el deseo de usar las herramientas que había acumulado con el paso del tiempo, hacer lo que tenía ganas. A cierta edad, también fue aceptarme como soy”, cuenta en una charla matinal con Conventillo Babel.

Así fue como pasó del teatro al video documental, y luego a la ficción. “Fue un cambio de paradigma: quise ir hacia lo audiovisual, divertirme con otro lenguaje”, explica. Actualmente graba el tercer corto de Ruido Amarillo, su trilogía debut, donde desarrolla las historias de tres chinos en Buenos Aires.

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Laura Riera.

Teatro como integración

Laura era la coordinadora de actividades culturales en el Centro Universitario de Idiomas (CUI), lugar donde desde hacía 10 años también se desempeñaba como profesora de inglés. “Se firmó un acuerdo académico con una universidad de China y me convocaron para hacerme cargo de organizar actividades culturales”, recuerda.

Los 20 estudiantes que llegaron, sin ninguna idea de castellano, se insertaron en las clases de teatro que Laura había propuesto. “Creí que era la oportunidad para generar un cambio, el teatro es integración”, subraya. Como nadie se entendía en las clases, indagó en obras chinas para poder representar.

Cada grupo participaba durante 5 meses. “Terminaban transformados. No se trataba de aprender a hablar español, sino que era un acercamiento a la comunicación, más relajados, olvidando barreras”, explica. Su iniciativa ya lleva 8 años y 7 grupos participando en Teatro por la diversidad.

Ruido amarillo

“El primer idioma que aprendemos es el ruido, una sensación que te genera no entender lo que dice una persona que no comparte tu mismo código lingüístico”, reflexiona Laura, asociando las vivencias que compartía en sus primeras clases con los estudiantes chinos.

Sus intenciones de indagar en lo audiovisual, sumadas a la experiencia reunida en los grupos que había formado, la llevaron a crear Ruido amarillo, una trilogía que desarrolla las historias de 3 chinos en Buenos Aires, en un marco de encuentro cultural chino-argentino, con el fino rastro de la discriminación hacia los extranjeros y un tema de fondo: la crisis de identidad y la aceptación de uno mismo, en un mundo de estereotipos.

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Laura Riera.

Valija, zapatos, cámara de fotos

A la ficción de las historias que aborda Laura en sus obras siempre la acompaña un toque de realidad. “Durante 3 años le alquilé un cuarto de mi casa a una persona que había llegado de China. Me contaba que en Argentina le había costado despegarse del estereotipo del chino y no de su elección sexual, algo que jamás imaginó que podía ocurrir”, cuenta.

El primer corto es “La Valija de Jun Lii”, representado por Ignacio Huang: un chino que lleva en una valija las prendas que adora vestir y sus orígenes no le permiten.

El segundo corto es “Los zapatos de Fan Fan”, desarrolla la historia de una mujer china de 34 años que soñaba con ser bailarina pero que se creía fuera de edad para lograrlo. Tras llegar a Buenos Aires, toma clases de tango y luego de 4 años se consagra campeona mundial.

El tercer corto es “La cámara de Pablo Cheng”, un argentino que la sociedad tilda de chino por sus rasgos faciales, producto de una descendencia, y que lucha contra la historia familiar por lograr su sueño de fotógrafo.

shelley escalera

Shelley Hou, protagonista del 2° corto: Los Zapatos de Fan Fan.

Sándwich de miga

“Hay un mundo que no nos conoce ni conocemos, y el uno a uno sirve para romper estereotipos”, asegura Laura, quien destaca la importancia de valorar el proceso de cambio, para lograr construir con el otro, sin forzar la solidaridad, siendo transparente durante todo el proceso.

“Recuerdo estar en el camarín con uno de los grupos, luego de una de las obra que presentamos en Teatro por la diversidad, cuando llegaron sándwiches de miga y todos nos pusimos a comer. La alegría y el ruido del habla invadió el lugar, pero en ese momento todos fuimos iguales”, concluye.