De Madrid a Buenos Aires, con ritmo brasilero

De Madrid a Buenos Aires, con ritmo brasilero

Texto: Lesly Leiva
Fotos: cortesía Francisco Medina

¿Cuántas veces recorremos Buenos Aires en subte o en colectivo y nos cruzamos con un malabarista, un artista que improvisa sus letras o un músico? En la cotidianidad porteña hay mil historias callejeras que contar. En los medios de transporte también se refleja la diversidad cultural de una ciudad que recibe a migrantes de todas partes del mundo.

Francisco Medina es un madrileño de 25 años que desde hace 5 trabaja en el transporte público junto a dos amigos con quienes toca música brasilera. “Más allá de que es un medio con el cual gano dinero, detrás de esto también hay un propósito muy importante que es el de alegrar a las personas y poner en sus caminos algo auténtico, espontáneo y por supuesto popular”, reflexiona.

Raíces con mezcla cultural

La vida de Francisco está atravesada por la migración desde que sus padres, artesanos de origen argentino, viajaron a Madrid, España, ciudad donde nació Francisco. Tiempo después tuvieron que volver al país junto a su hermana mayor pues allá no estaban pasando un buen momento.

Desde entonces, su vínculo con la música brasilera se empezó a desarrollar. “Mi madre bailaba todo lo que es axé porque tenemos mucha influencia de Brasil, mis abuelos son de Paso de los Libres, provincia de Corrientes, muy cerca de la frontera”, explica.

Cuando chico, Francisco probó bailar capoeira y ya en su adolescencia empezó a tocar algo parecido a la música de carnaval con los tambores de una batería que le habían regalado, la cual repartió entre sus amigos del barrio para empezar a improvisar. Sin pensarlo, se fue perfilando todo un sambista.

Samba por pasión y profesión

Se unió a la Escuela de Samba Unión Sur de Burzaco, localidad del conurbano bonaerense, donde aprendió a tocar cavaquinho, Caixa y piano, tambor propio del candombe. “Para mi la música brasilera representa prácticamente la manera en la que vivo, no sólo es un género que se ama si no que a medida que uno va entrando en sus divinas melodías empieza a respirar samba”, dice Francisco.

Cada vez que él y sus amigos tocan samba en los colectivos o en el subte, reciben aplausos y una excelente aceptación del público, siempre se van con mucho más de lo que esperan, hacen reír y pasar un buen momento a todos los que los escuchan. Algunas veces, cuando llega fin de mes les cuesta un poco más levantar la energía de la gente, sin embargo, para el que lleva la pasión por la música en las venas los brazos nunca se bajan y el ritmo siempre sigue vivo.

Este madrileño que después de tantos años ya es todo un argentino, reconoce el valor y la influencia de sus antepasados nativos guaraníes, árabes, españoles e italianos en la construcción de su propia identidad.

“Creo que el intercambio cultural a través de la música nos permite abrir la mente a cosas nuevas para hacernos personas más ricas a nivel cultural y para despertar nuestra curiosidad por otras tradiciones. Las emociones que generan este tipo de intercambios nos hacen dar ganas de viajar, probar otras comidas, ver otros paisajes, hablar otros idiomas, por eso para mi conocer otras culturas es muy importante, le da más sentido a la vida”, concluye.