Saudade, o meu remédio é cantar

Saudade, o meu remédio é cantar

Texto: Melissa Kuris
Foto: Gentileza Hugo Moujan

Es un edificio regular en un lunes cotidiano. La gente entra y sale, los timbres suenan. Pero detrás de la puerta antigua de uno de sus departamentos se instala un encuentro único en su alegría. Desde hace seis años el Coro Uirapuru ensaya en una de las aulas de Casa do Brasil y desde entonces el grupo se junta religiosamente a practicar, disfrutar y compartir música brasileña.

Cuando el reloj marca las siete, la directora del coro comienza oficialmente el ensayo. Ella es Miriam Alexandre, una brasilera que hace 14 años vive en suelo argentino. Con su llegada no inició solamente una nueva vida sino un nuevo proyecto. El Coro Uirapuru, inicialmente pensado para difundir música latinoamericana, reúne personalidades y edades variadas que comparten una misma pasión: la cultura brasileña.

La música ahora vibra en el piso del salón que funciona como espacio de ensayo mientras cada una de las voces se une en una misma emoción. En el aire reverbera un verso que sintetiza el sentimiento de todos: saudade, o meu remédio é cantar (nostalgia, mi remedio es cantar).

– ¿Cuál es el objetivo del coro?
– Muchos son apasionados por la música brasileña. Así que el objetivo, tanto mío como de ellos, sería el de saciar el deseo de cantar. Porque por ahí solos no se animan a cantar y el coro tiene ese lado social de compartir y cantar con la gente. Es como una familia musical.

– Considerando que lo que cantan es para varios el primer contacto que tendrán con la cultura brasileña, ¿con qué criterio seleccionás el repertorio?
– Intento hacer una variedad de estilos. Un poco de cada región del país. Y en los conciertos, antes de cada tema, le explico al público de qué trata el tema, de dónde es, su historia.

– ¿Además de música, el coro también es historia?
– Es música, pero cuando uno canta está bueno entender lo que interpreta y en qué contexto fue hecha esa composición. Tanto para quien canta, para poder transmitir esa interpretación, como para que el público entienda también. “O bebado e o equilibrista”, por ejemplo, es un samba de protesta. Si no sabemos en qué contexto se produjo se va a cantar como un samba más, pero no se puede. Tiene que ser un poco más serio. El contexto es todo un complemento para la interpretación musical.

– ¿Cómo creés que influye en los espectadores esa selección que realizas?
– Para ellos, el repertorio al ser tan variado trae muchas cosas nuevas. Siempre intento poner algo que conozcan, pero que lo demás sea algo nuevo. Eso les llama la atención. Y eso de que explique de qué trata la letra también llama la atención. A veces, después de que termina el concierto, se acercan para comentar sobre los temas y la historia. Y después se ponen a buscar para escuchar por su cuenta. Es una forma de mostrar la variedad que hay en Brasil.

– ¿Qué valor considerás que tiene tu trabajo para la cultura brasileña y la argentina?
– En mostrar la semejanza en la variedad. Muchas veces empezamos los conciertos con un tema que se llama “O samba e o tango”, y cuando hablo con el público sobre la letra, hablo de estas dos culturas que son tan diferentes, pero que se pueden unir. Y creo que es eso: saber que hay muchísimas diferencias, pero que también hay una admiración mutua a nivel cultural.