Sobre los hostels y el fino arte de tolerar al prójimo

Sobre los hostels y el fino arte de tolerar al prójimo

Texto: Manuel Migoya

Existen varias razones por las cuales los viajeros, turistas, estudiantes o inmigrantes deciden alojarse en un hostel o casa compartida. Unos lo hacen por necesidad económica -suelen ser significativamente menos costosos que los hoteles-, otros por gusto -la oportunidad de conocer personas de todo el mundo o de no sentirse tan solos-, y para muchos es la mejor manera de aterrizar en cualquier destino y sentirse cómodamente recibidos. Sin embargo, estos conventillos transitorios no están libres de problemas.

Compartir el día a día con desconocidos provenientes de vaya a saber uno qué pare del globo, cada uno con su idiosincrasia, sus hábitos y costumbres, nunca es sencillo. Y si bien el contacto con los extraños es parte del encanto también puede terminar resultando una molestia. Y es que, unos más y otros menos, todos terminamos necesitando un poco de espacio personal en donde sentirnos en paz y relajados. Por eso, Conventillo Babel ofrece aquí algunos consejos para sobrevivir y sobrellevar el día a día en una casa atestada de personas y no sucumbir en el intento.

>> RESPETO MUTUO Y SENTIDO COMUN

Si bien resulta aparentemente evidente, respetar el espacio común y no atropellar la tranquilidad del prójimo puede resultar más complicado de lo que parece. Luego de unos cuantos días, la necesidad de escuchar música a todo volumen, de sacarse las zapatillas en el living tras de una largo día lleno de actividades o de compartir unas cervezas con amigos hasta bien entrada la madrugada se hace irresistible. A veces, todas a la vez.
Lo mejor en estos casos es pactarlo de antemano con el resto de los inquilinos y si alguno -sí, incluso aunque sea uno solo- se opone por las razones que sean, es recomendable llevar la música a otro lado y ventilar los pies en el balcón. Puede ser irritante, pero hay que recordar que en cualquier momento podés ser vos quien necesite silencio.

>> CUIDAR EL ORDEN DE LOS ESPACIOS COMUNES

Nada tan natural como llegar a casa cansado de las actividades del día y revolear sin contemplaciones toda esa ropa y equipaje que cargamos durante horas. La mochila abierta por un lado, la ropa y las zapatillas por otro y nosotros desparramados en algún rincón. Pero el desorden atrae el desorden y éste suele traer aparejado algunos rencores que tienden a acumularse. Lo mismo aplica a la cocina, salas de descanso, estudio o juegos. A nadie le gusta encontrar su casa hecha un caos por manos ajenas y por eso se requiere de la colaboración continua de todos para mantener un mínimo de orden en el cual vivir con tranquilidad.

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Los espacios comunes de los hostels, un gran momento para socializar!

>> MANTENER RELACIONES CORDIALES

Otra que suena evidente, pero el desgaste cotidiano de la convivencia tarde o temprano genera roces entre los inquilinos. Resistir la arrolladora tentación de insultar -cuando menos- a esa persona que osó utilizar tu cama como depósito de su ropa sucia o que incluso tuvo la desfachatez de comerse esa porción de pizza que habías guardado y esperabas disfrutar para la cena es complicado.
Sin embargo, es útil tomarse un tiempo para reflexionar. Lo más probable es que queden aún días, semanas o meses de convivencia por delante y mejor evitarse caras de bronca, gestos desagradables y palabras hirientes. Sin dejarse atropellar, lo mejor en estos casos es buscar la paz interior, contar hasta cien, hacer yoga o lo que sea que te relaje un poco y marcarle a esa persona tus límites evitando caer en agravios. Un arte difícil de dominar y que, como todo, requiere de mucha, mucha práctica.

>> USAR LLAVES Y CANDADOS

Incluso aunque todos en la casa sean agradables y parezcan de confianza, mejor prevenir que curar. Nada destruye tan rápido la sana convivencia como la sospecha del robo. Es casi inevitable viajar con elementos de valor -más allá de los documentos y el dinero en efectivo- que fácilmente pueden ser extraviados. ¿O robados? A veces la única diferencia entre esas dos hipótesis es un simple candado o un armario convenientemente cerrado con llave.

>> SOCIALIZAR

Puede que seas tímido o no te agrade mucho conocer nuevas personas. Puede ser incluso que ninguno de tus compañeros te resulte simpático. Pero de todas maneras es recomendable mantener un mínimo de relación con ellos. Primero que nada porque los vas a estar viendo a diario durante un buen tiempo. Pero más allá de eso, es importante nutrirse con las experiencias de quienes residen allí hace ya un tiempo. De seguro sabrán decir qué zonas de la ciudad deben ser evitadas por la noche, dónde se encuentran los mejores bares, cuáles son los mejores destinos o cómo utilizar el transporte público. Una de las mejores cosas de los hostels y casas compartidas es el intercambio acumulativo de experiencias y consejos, siempre útiles para quien recién llega a destino.

>> RESPETAR TIEMPOS Y ESPACIOS EN BAÑO Y COCINA

Te despertás temprano a la mañana y la agenda del día está casi sobrecargada. Rápidamente vas al baño para comenzar el día con la cara limpia. Ocupado. Tomás el desayuno para aprovechar la espera. Sigue ocupado. Y permanece así durante un buen rato. O vas a cenar apurado antes de encarar la noche, cuando te encontrás con ese compañero que estudia para chef y que eligió ese preciso momento para hacer una demostración de sus habilidades culinarias ocupando las cuatro hornallas, el microondas y toda la mesada.
Por más que vivas ahí hace ya un buen tiempo y tengas la fortuna de considerarla tu hogar, esa casa es compartida y no sos el único que la habita. Evitá los largos baños de inmersión y los tratamientos de belleza, utilizá lo mínimo e indispensable y no te apropies de todos los elementos de cocina -y si lo hacés tené la decencia, al menos de convidar a todos con un poco del resultado de tu trabajo-, sin olvidar por supuesto de limpiar todo al terminar.

Fotos de acá y acá