Trescientos metros de altiplano en Buenos Aires

Trescientos metros de altiplano en Buenos Aires

Texto: Noelia Serra

Llego al barrio desde la estación, sobre Rivadavia, a unas cuadras de General Paz. Es sábado, se nota en el ambiente. Sin embargo, lo que se percibe aún más es que a medida que avanzo en mis pasos, ingreso a un escenario plagado de colores y aromas que envuelven, hipnotizan. Una pregunta envuelve mis sentimientos: ¿sigo en Bs As?

En la intersección de las calles José León Suárez y Ramón Falcón la intensidad de la cultura del altiplano se cristaliza en una pluralidad de puestos de comida al paso, verdulerías en las veredas, negocios de llamativos trajes festivos y ofrendas a la Pachamama. El panorama se mantiene por las siguientes tres cuadras.

A mediados de los ‘80 el antiguo mercado de frutas y verduras de Liniers fue cerrado, y fue en los ‘90 que se trasformó en shopping. En la actualidad, su periferia es el legítimo reservorio de la cultura andina en la Ciudad. Recorrerlo es una experiencia de lo más enriquecedora (¡y sabrosa!).

P1070198

La gastronomía boliviana incluye en su dieta una infinidad de productos cargados de sabor, perfume y llamativo color; la enorme variedad de papas que consumen es solo un ejemplo. La papalisa, pequeña y con un color rosa desteñido, pareciera ser la estrella de su rubro: presente en todos los puestos, se vende como pan caliente. En tanto, conocida por su capacidad de conservación y de duración por largas temporadas, el chuño, la papa disecada que puede tomar un color blanco o negro intenso, también se vende en grandes cantidades.

Además de la papa, sobresale la venta de maíz. El willkaparu es una de las doscientas (sí, ¡doscientas!) variedades producidas en la zona del valle de Bolivia. Su color negro intenso no pasa desapercibido, como así tampoco su capacidad vinculada al aumento de la leche en las mujeres lactantes y al incremento de peso. Con el maíz, además, se preparan bebidas típicas como el Tojorí, donde los trozos grandes de maíz se combinan con leche y suele servirse acompañado de un buñuelo o queso inflado. El Api, bebida a base de maíz morado, se prepara de forma similar.

P1070208

El jugo de mocochinchi es otra de los refrescos que se puede probar a lo largo de todo el recorrido. Se prepara con duraznos secos a los que se les agrega un palito de canela y azúcar. Se vende en vasos o incluso en pequeñas bolsas. Al hablar de bebidas típicas no podemos dejar de mencionar la Bicervecina, cerveza con baja graduación de alcohol y gran presencia de malta, que puede consumirse sola o en batidos con huevo, crema o merengue.

P1070207

Para el que no está familiarizado con la idea de almorzar en la calle, los restaurantess bolivianos y peruanos son la alternativa. Sus carteles indican un menú amplio y sabroso: pollo broaster, sopa de maní, mondongo chuquisaqueño o pique macho son algunas de las opciones.

Sin tanta prensa como otros barrios étnicos, Liniers se erige como el ícono indiscutido de la cultura andina, un lugar al que no sólo convoca su amplia y variada gastronomía, sino también la cercanía y empatía con una colectividad de gran presencia en la Ciudad.